Testimonio de Nicolás Rodriguez en voz de Omar de Valdivia

TESTIMONIO DE UNA SANACION

Abrí los ojos, lo primero que vi fue la estola, adornada con vivos apliques típicos de Guatemala, de Monseñor Rodolfo Mendoza, (sacerdote en esos días, párroco de la Iglesia de la Asunción de la zona 2 de Guatemala) amigo personal de la familia. Estaba administrándome los “Últimos Sacramentos” en mi lecho de enfermo en el intensivo del Hospital El Pilar de Guatemala. Allí termina una historia.

Ese día por la mañana del 7 de septiembre de 1993, cumpleaños (10) de mi hija mayor Marisabel, Lorena mi esposa había instruído a la “muchacha” de la casa que “prepara una gallina” para hacer un “caldo” para el almuerzo, mientras nosotros iríamos donde el médico, el doctor Oscar Terraza, quien por mas de 7 meses estaba luchando por entender mi padecimiento de una “ronquera” persistente, para que me hiciera un examen laringoscopico. El caldo se enfrió porque mi regreso a casa demoró cinco meses.

Todo empezó un año atrás, celebrando el cumpleaños de mi padre Don Nicolás QEPD, en la finca de Don Rolando, en “ La Planta ”, en una ridícula parodia de Vicente Fernández al son de los mariachis estuve “amenizando” la fiesta; luego del improvisado recital, terminé con una ronquera de la cual, nunca me recuperé.

El ilustre médico, el doctor Hector Davila Rangel, durante 4 meses intentó una serie de estériles tratamientos, que nunca lograban detener el deterioro de mi voz, cada día me parecía al personaje de la película El Padrino: Vito Corleone de la novela de Mario Puzzo, protagonizada por Marlon Brando. De allí el sobrenombre de NiCorleone.

Luego de múltiples laringoscopías directas y biopsias, el veterano galeno, uno de los mejores de Guatemala en esos menesteres, tiró la toalla, no encontraba razón aparente de mi padecimiento. Me dijo: “Puede ir donde un especialista en Houston?” Comprendí en ese momento que algo grave pasaba.

El par de días que estuve hospitalizado en el Methodist Hospital en el Texas Medical Center, lo único que recuerdo es que en ese mismo nosocomio estaba hospitalizado Cantinflas y que estaba a punto de morir, porque me vine igual como cuando llegué, sin diagnóstico y con unos miles de dólares menos.

Volví a Guatemala, a seguir buscando razón de mi padecimiento, que no me causaba más molestia que la ronquera. Decidí, por recomendación de mi concuño Servio Umaña, visitar al Dr. Oscar Terraza, joven médico especialista, famoso por su acertados diagnósticos. Me examinó la garganta y dijo: “necesito hacer una biopsia”, sería la sexta operación. A parte del costo económico que esto significaba para nuestra empresa familiar de transporte en Rutas Orientales, el entrar y salir de los hospitales ya era una rutina. Pero sin cura alguna.

En esos días mi peso rondaba las 200 libras (92 kilos) y había decidido “ponerme a dieta” en uno de eso centros de nutrición que empezaban a ponerse de moda. “Sorpredente” bajaba una libra cada día. En dos meses perdí 45 libras . Hasta me querían de modelo para publicidad del eficiente tratamiento reductor. Pero no era el tratamiento el que me estaba haciendo perder peso.

Ese día, en el cual mi vida cambió, el 7 de septiembre de 1993, habíamos acordado con el Dr. Terraza, hacer una nueva biopsia, donde él estrenaría un novedoso dispositivo para tomar las partes de tejido que necesitaba para tratar de confirmar o desvanecer las sospechas que él tenía. No pudo. Mi garganta estaba prácticamente cerrada.

Mientras estaba sedado, mi esposa Lorena y otros familiares tomaron la decisión de autorizar una “laringofisura” para tomar la biopsia. Me llevaron al quirófano, abrieron mi cuello y… “ La Mala Palabra ”: CANCER.

Vio, cerró la herida, no sin antes dejarme incrustado un tubo (traqueotomía) en mi cuello para poder respirar. Y… no había mucho que hacer. Aquí empieza la historia.

Los pasillos del Hospital Nuestra Señora del Pilar se vieron inundados de decenas de familiares y amigos, oraban por mi salud o más que todo por mi vida. Cadenas de oración en Esquipulas, oraban en grupos, oraban en sus casas, oraban en las iglesias, mis amigos y familiares me demostraron la más grande muestra de cariño y apoyo que jamás, nunca olvidaré y que nunca podré pagar; cientos de cartas y tarjetas que fortalecieron mi alma.

Luego de los trámites migratorios, mi pasaporte estaba vencido y amablemente llegaron funcionarios de la Dirección General de Migración a tomarme las huellas en mi lecho de desahuciado, acompañado de mi esposa Lorena, con el valioso apoyo de mi amigo Alex Erazo y su esposa Liseth, estaba tomando un avión hacia Los Ángeles California.

Era 27 de septiembre de 1993, era el cumpleaños de Lorena, había ingresado a la emergencia del LAC + USC Medical Center de Los Angeles California. La Doctora Robin Dilesky MD, una jóven y amable especialista, durante 3 semanas había hecho en mí un sinnúmero de pruebas de todo tipo para descartar cualquier posibilidad de fallo. Pero el diagnostico fue el mismo: El Asesino Silencioso se había enclaustrado en el cartílago de la laringe, era un Carcinoma Escamoso en fase casi Terminal. Ella temía una metástasis y solo habían dos alternativas: Una Laringectomía Radical, con vaciamiento de linfáticos o, no operar y someterme a radiación y esperar la muerte o la suerte.

Opté por vivir: Perdería mi voz de forma total y definitiva, para siempre. Un orificio (stoma) para respirar "adornaría" mi garganta por el resto de mis dias.

Ingresé al quirófano, había firmado una serie de formularios que mas parecía mi propia sentencia. Habían rasurado mi pecho y mis piernas ante la posibilidad de transplantar tejidos al área de mi cuello contaminada de cancer. Harían una insicion de oreja a oreja pasando por la manzana de adán y extirparían mi laringe. Luego de 12 largas horas de cirugía, 280 puntos de sutura y 22 personas entre especialistas y personal médico, todo había acabado. Lorena que estuvo allí sin moverse un momento vio salir a la Dra. Dilesky con su demacrada cara de cansancio de la larga jornada, sus dedos entumecidos del manipuleo de instrumentos, pero esbozaba una esperanzadora sonrisa: “Everything is Ok” La operación fue un éxito.

Ella me cuenta su desagradable y dolorosa experiencia de verme en el intensivo, con mas tubos, cables y mangueras que un motor de automóvil. Sufrió y por ello no habrá nunca forma de pagarle, mejor recompensa será la que Dios le pueda dar. Que Dios te lo pague Lorena.

Luego de 3 interminables semanas de hospitalización durante los cuales recibí la inolvidable visita de mi hijo Luis Fernando de tan solo 2 años de edad, quien no se daba cuenta de lo que acontecía al rededor y 5 meses de tratamientos de Radiación , que calcinó mi piel y mis llagas sangraban todo el día; estaba de vuelta en Guatemala.

Diez años después, estoy en Esquipulas, mucho ha cambiado en mi, muchas cosas he vivido.

Mi hijo Carlos Alberto, mi fiel e inseparable amigo, mi inspiración y razón de vivir, transformaron mi vida. Vivió a sus cortos 6 años el sufrimiento de sentir a su padre perdido y ahora un hombre a sus 17 ha sido el objetivo de mis luchas y esfuerzos. Como todo joven su inagotable energía y su ímpetu indomable, ha hecho involucrarme en actividades de proyección a la niñez y la juventud.

Cuando decidí crear el portal para Esquipulas www.esquipulas.com.gt también adquirí un dominio (nombre de website) el cual sería una ofrenda de nuestra parte al Todopoderoso, a Dios, al Creador, por haberme alargado el plazo de mis años, por haberme dado la oportunidad de vivir a través de su intervención Divina en las manos de tantas personas que hicieron posible este milagro.

Decidimos crear www.cristodeesquipulas.com lo creariamos juntos, como amigos, como compañeros, como colegas. Pondríamos a disposición de los devotos del Cristo Negro, del Señor de Esquipulas un portal donde ellos pudieran dar testimonio de sus vidas y milagros y que ante la imposibilidad de hacer físicamente una peregrinación al Templo Sagrado, puedan hacerlo por medio de Internet.

Las bendiciones de Dios son inagotables; le conté al Padre Hugo López osb, capellán y director del Colegio San Benito, sobre mi intención de entregar este portal como ofrenda al Señor de Esquipulas por mi sanación.

El Padre Hugo López osb, en una desición visionaria, no dudó en apoyar esta idea y se ha convertido en el mas valioso colaborador para la construcción de este portal.

Nuestra misión es Expandir por todo el mundo a través de un portal de Internet la devoción hacia El Señor de Esquipulas. Y nuestra visión es: “El Peregrino Virtual”

Que Dios los bendiga y que encuentren en este portal una ventana que los acerque a Dios.